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HAY QUE ESTAR PREDISPUESTO SIEMPRE A LLEVARTE UNA GRATA SORPRESA CUALQUIERA DE LA QUE ESTA SE TRATE

‘¿Activo o pasivo?’ ‘Versátil, nene, versátil’

Tradicionalmente, dado que por desgracia hoy se sigue dando generalizadamente el caso, la persona gay ha tenido la obligación de definirse como agente activo o pasivo en sus relaciones sexuales, siendo esta una de las primeras cuestiones planteadas al establecerse una relación y pareciendo como si no existiese ninguna otra opción ni posición intermedia.
Agencias  |  03 de Octubre de 2010 (19:02 h.)
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Tradicionalmente, dado que por desgracia hoy se sigue dando generalizadamente el caso, la persona gay ha tenido la obligación de definirse como agente activo o pasivo en sus relaciones sexuales, siendo esta una de las primeras cuestiones planteadas al establecerse una relación y pareciendo como si no existiese ninguna otra opción ni posición intermedia. De esta manera, y habitualmente con cierta pereza, debe uno colocarse el cartelito que lo situaría en una de estas escasas dos opciones, saciándose esa curiosidad algo insana y cuya resolución, muchas veces, trae consigo el fin de una prometedora velada ante la mala suerte de coincidir ambos en el papel que, siempre prematuramente, uno cree interpretaría llegado el caso.

Aparte del tamaño del miembro (otro de los grandes paradigmas típicos y tópicos de este nuestro mundo del sexo), ésta sería quizá la siguiente y más absurda pregunta habitualmente planteada en el momento de conocer a alguien con el que se pretende retozar si la suerte acompaña.

Por si aún queda alguno con los conceptos no del todo claros, la persona sexualmente pasiva sería aquella que busca su placer recibiendo abiertamente a su pareja en el acto sexual, aquella que de antemano se coloca en posición pasiva a la espera de que el otro lo colme a hostias – en el mejor sentido de la palabra – haciendo uso de la fuerza que su erección permite. En la otra cara de la moneda, el activo de la relación sería aquel que, tomando las riendas de esa batalla campal en la que el sexo a veces se convierte, es capaz de hacerte un ocho con el cuerpo, tirarte de las piernas hacia arriba como si pretendiese que camines por el techo y sucumbirte tras una palmada en el trasero al tiempo que te penetra.

No hay que ser muy listo para darse uno cuenta de que entre estas dos exageradamente descritas situaciones es evidente que existen alternativas oportunistas e intermedias que, hasta hace bien poco, quedaban huérfanas de adjetivo calificativo en la jerga gay. Así, afortunadamente para el gay de hoy, se ha podido uno liberar del yugo que supone el tenerse que decantar por uno de estos extremos al adoptarse el vocablo de “versátil” para definir esa actitud en la que uno es potencialmente capaz de adaptarse con facilidad y rapidez a diversas situaciones, vamos, que sirviendo tanto para un roto que para un descocido.

Por este motivo, si te atrevieses a volver a formular la pesada preguntita a alguien (algo que de antemano resultaría muy anticuado y nada aconsejable), cuando ese alguien responda “Versátil, nene, versátil”, intenta no poner cara de perplejidad y siente el deseo que el morbo de lo inesperado tiene, excítate dejando que tu imaginación disparate ante la incógnita de cómo puede terminar todo aquello y deponte sucumbiendo a sus encantos, predispuesto siempre a llevarte una grata sorpresa cualquiera de la que esta se trate.